Leonardo Torres Quevedo (Santa Cruz del Valle de Iguña, 1852 – Madrid, 1936) fue un ingeniero de caminos y matemático español que está considerado como uno de los grandes científicos del siglo XX en el campo de la automática, por los numerosos inventos que desarrolló. Los mandos a distancia que usamos con cotidiana atonía deben tributo a Torres Quevedo, que diseño y construyó el primer aparato de radiocontrol del mundo: el telekine. Además está considerado como el precursor de la nformática.
A lo largo de su vida recibió varios premios y reconocimientos, entre ellos:
- 1916. Medalla Echegaray de manos de Alfonso XIII.
- 1918. Le ofrecen ser Ministro de Fomento (cargo que rechaza).
- 1920. Ingresa en la Real Academia Española sustituyendo a Benito Pérez
Galdós. - 1922. Es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad dela Sorbona.
En 1868 concluyó estos estudios en el Instituto de Enseñanza Media de Bilbao, y a
continuación pasó dos años en París en el Colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana. En 1870 su familia se trasladó a Madrid, y Leonardo, a su vuelta de París,
regresó a las orillas del Nervión, donde se alojó en casa de unos parientes:
las señoritas Barrenechea. El afecto que le tenían constituye un dato fundamental
en la vida de este prolífico ingeniero de caminos e inventor, puesto que al
morir le legaron toda su fortuna (de considerables dimensiones), lo que hizo
posible que Leonardo Torres Quevedo no tuviera que preocuparse por la propia
supervivencia. Este hecho dotó al inventor de una libertad de trabajo y
pensamiento que le permitió prescindir de instituciones gubernamentales e
investigar lo que en cada momento le apetecía.
En 1871, instalado ya en Madrid, ingresó en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos. Cinco años después, en 1876, terminó sus estudios y comenzó a ejercer su profesión, dedicándose a trabajos ferroviarios durante unos meses. En 1887 patentó un sistema de camino funicular aéreo de alambres múltiples. La principal innovación de Torres Quevedo, matemático y físico excepcional, la constituye el hecho de lograr un coeficiente de seguridad apto para el transporte de personas sin
apenas riesgo. Liberando un punto fijo de apoyo del cable por el que discurre
la barquilla y sustituyéndolo por una polea con pesos, logró que la tensión en
dichos cables fuera la que él deseaba (puesto que dependía del peso que se
colocara) y que además fuera uniforme a lo largo de todo el trayecto; como los
cables eran múltiples, en caso de rotura de uno de ellos la tensión se
distribuía equitativamente entre el resto.
En 1889 Leonardo Torres Quevedo se trasladó de nuevo a Madrid para simultanear estudios matemáticos, físicos y técnicos con tertulias culturales de todo tipo. Un año después presentó en Suiza el proyecto de su transbordador, pero fue rechazado. Este desprecio a su genialidad originó que el inventor dejara momentáneamente de lado su invento y pasara a centrarse en lo que Eduardo Saavedra calificó como “suceso extraordinario en la producción científica española”: su Memoria sobre
las Máquinas Algébricas, presentada en 1893 en la Academia de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales. Además de la solución teórica al problema de la
construcción de las relaciones algébricas, Torres Quevedo construyó también
varias máquinas de calcular. Fue a partir de este momento cuando Leonardo
Torres Quevedo alcanzó el éxito, del que no se separó el resto de su vida.
En 1901 ingresó en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, y en este mismo año el Gobierno español creó el Laboratorio de Mecánica Aplicada (después de Automática) y lo puso a disposición de Torres Quevedo. A partir de este momento, Leonardo Torres Quevedo comenzó a diversificar sus investigaciones, quizá alentado por la creación del Laboratorio.
En 1902 presentó en las Academias de Ciencias de Madrid y de París una memoria con anteproyecto de globo dirigible. La actividad de Torres Quevedo en el campo de
la aeronáutica merece también atención, puesto que logró inventar y diseñar lo
que más tarde se conoció como globo dirigible semirrígido o dirigible T.Q. En
la época existían dos tipos de dirigibles: los rígidos, compuestos de un
armazón metálico cubierto de tela y lleno de gas; y los flexibles, que carecían
de armazón alguno. Los primeros se construyeron fundamentalmente en Alemania, y
fueron conocidos con el nombre de su inventor, Zeppelin. Su gran problema lo
provocaban las limitaciones que imponía su rigidez, puesto que además del
riesgo de accidente en vuelo al más mínimo roce con un obstáculo, eran
necesarias grandes infraestructuras en tierra para guardarlos, ocultarlos o
maniobrar con ellos.
Los dirigibles flexibles, por contra, podían ser deshinchados y reducir su volumen
para el transporte o maniobra en tierra, mientras que en el aire resistían
mejor los golpes o roces, como cabe suponer de su principal característica. Sin
embargo, precisamente por su flexibilidad, tenían problemas en cuanto a la
estabilidad y calidad en el vuelo, puesto que eran fácilmente deformables, y a
causa del peso de la barquilla y los motores, tendían a doblarse y a elevar las
dos puntas o extremos. La solución a la que llegó Torres Quevedo en su
dirigible semirrígido demuestra de nuevo su gran cualificación como matemático
y físico. El dirigible que concibió tenía en el interior del globo una armadura
flexible destinada a impedir que se deformase por causa del peso de los
aeronautas, motores y lastres, pero constituida únicamente por telas y cuerdas
que se mantenían tirantes por efecto de la presión del gas del globo, lo que
permitía que pudiese ser deshinchado en tierra y reducir su volumen. De este
modo, los inconvenientes de uno y otro sistema existente (rígido y flexible)
quedaban obviados.
En 1905 fue construido, con la colaboración de Alfredo Kindelan, el primer
dirigible bajo el nuevo sistema. Sin embargo, el desinterés español en este
artefacto provocó que Torres Quevedo entrase en conversaciones con la casa
francesa Astra, que en 1909 le compró la patente, comenzó inmediatamente a construir el nuevo tipo de aerostato y lo vendió en todo el mundo. Los dirigibles
Astra-Torres lucharon en la Primera Guerra Mundial contra los Zeppelin alemanes, y
resultaron más rápidos y versátiles que estos últimos.
A la vez que estaba investigando el problema de los dirigibles, y con el fin de no
arriesgar vidas humanas en pruebas y experimentaciones en vuelo, Torres Quevedo
desarrolló una de sus ideas más brillantes, prácticamente imprescindible en
nuestro mundo cotidiano: el Telekine o primer aparato del mundo de
radiodirección a distancia. En septiembre de 1903 presentó en España la patente
de este aparato con el título “Un sistema denominado Telekine para
gobernar a distancia un movimiento mecánico”.
Cada señal de onda hertziana hacía avanzar un paso a una rueda en el telekine; según
el número de señales recibidas mediante un conmutador, se actúa en un circuito
determinado y se efectúa la maniobra correspondiente. El telekine poseía un
mecanismo de contacto retrasado del conmutador para que pudiese recibir la
orden completa, automatismo de vuelta a la posición inicial del conmutador y
dispositivo de seguridad que paralizaba el motor si se producía avería o no se
recibían señales durante un determinado tiempo, para evitar de este modo la
pérdida del aparato dirigido. El hoy tan popular “mando a distancia”
es, básicamente, un invento de Torres Quevedo.
En 1912, Torres Quevedo inauguró un nuevo campo de la ciencia al iniciar sus
primeros experimentos en el campo de la automática, la cibernética y la computación, que quedaron definidos en su primer Autómata Ajedrecista, el primer
jugador de ajedrez automático del mundo. Éste constituía, básicamente, un
primer ordenador capaz de procesar información y actuar en consecuencia, todo
ello a partir de estímulos eléctricos controlados mediante relés. En el
ajedrecista se ejecutaba el mate de rey y torre contra rey inevitablemente,
fuesen cuales fuesen los movimientos del contrario humano, y estaba prevista,
incluso, la posibilidad de que se tratase de “engañar” al autómata.
En la década de 1910 y 1920 Torres Quevedo continuaría con sus experimentos en el
nuevo campo de la automática, que él había creado, hasta terminar por
convertirse en el padre de la informática actual. En 1914 escribió sus Ensayos
sobre automática, donde se adelantó en treinta años a las primeras
disquisiciones inglesas, americanas o alemanas sobre la analogía mente-máquina
y sobre los primeros ordenadores. En 1920 construyó un segundo ajedrecista
autómata mejorado.
Además de los ajedrecistas, Torres Quevedo inventó, diseñó y construyó el Aritmómetro electromecánico, una máquina de calcular capaz de sumar, restar,
multiplicar y dividir, gobernada a distancia por medio de una máquina de
escribir ordinaria dotada de contactos eléctricos y provista de un dispositivo
para escribir automáticamente los resultados. Poseía memoria electromecánica y
un coordinador o cerebro automático. Con esta máquina se lograba por primera
vez en el mundo la memoria artificial. Torres Quevedo dejó numerosos escritos
de alta calidad técnica, además de las memorias descriptivas de sus múltiples
patentes, españolas y extranjeras.
Fuentes: Biografías y Vidas /
Escuela Universitaria de Informática (Universidad Politécnica de Madrid)
Para saber más:
El Centro Astronómico Hispano-Alemán nació en 1973 por un convenio internacional entre la República Federal de Alemania y el Reino de España. La institución


Es muy activa en su campo profesional. En la actualidad, es miembro de la European Molecular Biology Organization (EMBO), de la Academia Europeae, de la Academia Scientiarum et Artium Europaea, de la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, de la Real Academia Española, de la American Academy of Microbiology, de la American Academy of Arts and Sciences y de la National Academy of Sciences de EE.UU. Asimismo, ha formado parte del Comité Científico Asesor del Max-Planck Institute für Molekulare Genetik de Berlín (1989-1996) y del Instituto Pasteur (2001).
Realiza sus estudios de bachillerato en la Universidad Laboral de Sevilla, terminándolos en 1963. Inicia posteriormente sus estudios de Ciencias Biológicas en la Universidad Complutense de Madrid en 1968 y en 1973 se doctora con sobresaliente cum laude. Su carrera se centra en la especialidad de biología del desarrollo, concretamente en el estudio de la arquitectura biológica de la mosca Drosophila melanogaster. Mediante